miércoles, 2 de mayo de 2018

Sanremo 2015: Il Volo con Eros y Psique

Il Volo en el escenario del teatro Ariston de Sanremo

            Era el 11 de febrero de 2015 y tres chicos se iban a enfrentar a una dura prueba. A pesar de su juventud -uno de ellos cumple 20 años ese mismo día- llevan ya seis años de carrera musical. Pero, aunque en América habían triunfado, su ilusión era llegar al público de Italia, su país, y para ello el Festival de Sanremo, con sus récords de audiencia, era el mejor escaparate. Se han vestido de manera informal, con cazadoras de cuero negro, ya llegaría el momento de ponerse las chaquetas y las corbatas en sucesivas actuaciones.

Comienza la interpretación, que trascurre con una perfección y profesionalidad inaudita en unos veinteañeros. La canción que cantan, Grande Amore, con algunos toques líricos, se ajusta a la perfección a sus voces. Con el estribillo arrancan los primeros aplausos y, luego, van surgiendo otros antes de que acabe la canción. Si todo esto resultaba sorprendente, lo nunca visto llega al final. El público irrumpe en una estrepitosa ovación, muchos se levantan de sus asientos y los aplausos parecen no acabar nunca. Los tres muchachos se quedan estupefactos ante lo inesperado de la reacción del público: Piero, con la mano en el corazón, recibe la ovación dando las gracias, a Ignazio le asalta una risa nerviosa que trata de ocultar tapándose la boca y Gianluca, el más joven, no puede contener las lágrimas hasta que, tal vez para disimular su emoción, se abraza al presentador, Carlo Conti, que no sabe muy bien qué hacer. La escena es insólita, como es insólito que una canción cantada el primer día de concurso provoque semejante entusiasmo.

Ese día comenzó una nueva etapa para Il Volo, que acabó ganando el festival, lanzando así su carrera en Italia. Yo, que en ese momento ni siquiera conocía la existencia de este grupo, vi esta actuación mucho después, un año y medio más tarde y, evidentemente, me llamó la atención la escena que acabo de describir. Pero, por deformación profesional, también me fijé en un detalle que, seguramente, había pasado desapercibido a muchos espectadores. Al fondo del escenario aparecía una obra de arte de primer orden: Psique reanimada por el beso del Amor. Esta escultura, conocida también como Eros y Psique o, simplemente, El beso, es obra del artista neoclásico Antonio Canova (1757-1822), escultor de una calidad extraordinaria, heredero de la gran tradición italiana del trabajo en mármol que tiene como antecedentes a Miguel Ángel y Bernini. No sé quién eligió esta obra para acompañar a Piero Barone, Ignazio Boschetto y Gianluca Ginoble en el escenario pero, tanto el estilo como el tema, no podían ser más adecuados para esta canción.

Psique reanimada por el beso del Amor (1793) de Antonio Canova 
(Museo del Louvre, París)

Imagen publicada por Fabio
Ingrassia, pintor y amigo personal 

de los chicos de Il Volo, 
en Instagram stories
Como nos relata el escritor romano Apuleyo en su obra Metamorfosis, también conocida como El asno de oro, Eros y Psique estaban profundamente enamorados. Según los griegos, Eros es la personificación del amor y Psique la mente, la vida o el alma del ser humano. La leyenda nos cuenta que Psique se vio sumida en un profundo sueño, que la mantenía inconsciente, debido a un maleficio, hasta que Eros consigue reanimarla gracias a un beso de amor. Este mito, que seguramente simboliza la unión de cuerpo y alma, así como el poder del amor sobre la mente y el espíritu humano, fue representado con extrema sensibilidad por Canova. La obra representaba de forma extraordinaria la esencia de la canción que se interpretaba: el valor de la tradición clasicista presente en la cultura italiana y la importancia del amor sobre el alma humana, tema que se encuentra latente en Grande Amore. Igual que Eros reanimó a Psique, Il Volo despertó algo intangible en el corazón de muchos amantes de la música y, desde entonces, ahí permanece.



Il Volo interpretando Grande Amore en el Festival 
de Sanremo (retransmitido por Rai 1 el 11-2.2015)

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